HISTORIA HECHA CANCIÓN: «Yo tengo fe» una de las más populares de Palito Ortega

En 1973, María Elena Walsh editaba su disco Como la cigarra y Luis Alberto Spinetta empezó a gestar su monumental obra Artaud, uno de los discos más importantes del rock local. Joan Manuel Serrat consolidaba el romance con el público argentino con una serie de conciertos en el Luna Park y hasta prometía mudarse a esta tierra. Mientras que un muchacho de Cañada Rosquín llamado León Gieco se transformaba en un ícono de la canción social, a partir de temas testimoniales como «El país de la libertad», que le peleaba su lugar en el ranking de los más vendidos a ídolos populares como Palito Ortega y el brasileño Roberto Carlos.

El contexto social y político de la Argentina pasaría por uno de sus momentos cruciales en 1973. Las elecciones del 11 de marzo marcarían el fin de las proscripciones y el cierre transitorio de la intervención de las fuerzas armadas en el poder desde 1966. La fórmula de Cámpora y Solano Lima llegó a la presidencia para inaugurar un nuevo período de esperanza y alentar definitivamente el regreso de Juan Domingo Perón, después de 18 años de exilio.

Había clima de efervescencia social, aires revolucionarios y un horizonte contracultural que traía el ascendente movimiento rockero en la juventud, como el lanzamiento de la película Rock hasta que se ponga el sol, o las ediciones de discos como Confesiones de invierno, de Sui Generis: Mi cuarto, del dúo Vivencia, o Pappo’s Blues Volumen 3.

A la vez, la ebullición política que generó el regreso del peronismo al poder motivó una serie de canciones militantes como «Marcha de la juventud argentina peronista», cantada por Carlos Bisso, exídolo pop conocido por el grupo beat Conexión N°5.

«Los ídolos de la canción romántica tampoco se privaron de incurrir en el subgénero «canción del regreso», cuenta Sergio Pujol en el notable libro El año de Artaud. Rock y política en 1973, que detalla cómo Leonardo Favio abandonó las baladas para grabar «Estoy orgulloso de mi general», y un cantor de tangos como Hugo Marcel rompía el status quo del género con «Balada de Juan Pueblo». «Pero quizás el caso más sorprendente fue el de Palito Ortega con su flamante «Yo tengo fe»», agrega el historiador especializado en música popular.

La canción «Yo tengo fe» nació dentro de esa marea celebratoria del regreso de Perón a la Argentina y es deudora de un grupo de canciones más sociales escritas por Palito Ortega. Como «Changuito cañero», «Hijo de un hombre pobre», «Silencio para un labrador» o «Caminos de la libertad», escrita para los caídos en la masacre de Trelew de 1972. Sin embargo, en una entrevista de ese año, el autor se colocaba en la vereda opuesta de los cantores de protesta. «Yo creo que el artista tiene que cumplir un papel frente al pueblo, pero ojo, el artista se tiene que sentir profesionalmente comprometido consigo mismo (…). Yo pienso que ese compromiso no es solo político».

Conocido como «El Rey», a partir de éxitos comerciales como «La felicidad» o»Muchacho que vas cantando», Palito cargaba sobre sus hombros el estigma de ser un ídolo popular sin compromiso, desde su ascenso meteórico y comercial en El Club del Clan, en 1964. Por eso, la aparición de una canción como «Yo tengo fe», surgida como un himno celebratorio del regreso del peronismo sorprendió a más de uno.

Pasaron más de cuatro décadas, pero Palito Ortega recuerda el momento exacto en que compuso la canción. «Tengo muy presente la imagen de como nació el tema -cuenta el músico, actor y exgobernador de Tucumán-. Yo venía por la calle Cabildo en el auto y apareció una manifestación de chicos que salían del colegio y tomaron toda la avenida. Venían cantando y saltando. Había una fiesta en la calle y en la puerta de los talleres todos los trabajadores tenían cara de felicidad. Al otro día llegaba Perón al país. Claro, yo asocié todo ese clima de algarabía con ese acontecimiento».

Ramón llegó a su casa, tomó la guitarra y compuso el tema de un tirón. «Debe ser la canción más rápida que escribí, porque yo traía toda esa sensación de la alegría y la euforia que había visto en la calle. Generalmente pasa que uno no vive los acontecimientos en primera persona de lo que está cantando o diciendo, sino que son cosas que uno observa. En ese caso puntualmente observé ese clima que me llevó a escribir el tema».

"Debe ser la canción más rápida que escribí, porque yo traía toda esa sensación de la alegría y la euforia que había visto en la calle", confiesa Palito Ortega
«Debe ser la canción más rápida que escribí, porque yo traía toda esa sensación de la alegría y la euforia que había visto en la calle», confiesa Palito Ortega

La versión original tiene los arreglos de Oscar López Ruiz, integrante del mítico quinteto de Astor Piazzolla. El músico vivía a pocas cuadras de la casa de Palito Ortega. Recuerda que lo llamó entusiasmado y le pidió que fuera a su estudio. «Era un pequeño lugar de grabación en la calle Paraná donde me mostró el tema y me dijo: ‘Este tema lo van a cantar hasta en las canchas’. Lo grabamos y fue un exitazo, claro. Palito es uno de esos artistas que tiene la varita mágica. Es muy vivo, todo lo que toca lo convierte en oro», recuerda a la distancia López Ruiz, que participó de la grabación del disco.

La canción empieza con una introducción con el bajo que se repite como un mantra mientras la voz de Palito juego al unísono con un efecto de reverb que acentúa y le da fuerza a la frase «Yo tengo fe». Después de los primeros ocho compases, el tema crece con la sumatoria de otros instrumentos hasta que explota en el estribillo. «Eso le dio un carácter particular a la canción», sostiene hoy el autor de «Sabor a nada».

Una de las claves sonoras de la canción la aporta Oscar López Ruiz, arreglador de la música. «Gran parte de lo que se escucha atrás como orquesta soy yo tocando una especie de simulador que se había traído de Estados Unidos y emulaba los sonidos de las cuerdas y las trompetas», apunta López Ruiz.

La canción inspirada en la efervescencia de la juventud peronista de 1973, contiene el ABC de la música popular. «Uno lo que hace es darle forma a las emociones de las manifestaciones populares de la gente, a través de la música. Pichuco Troilo, del que era amigo, me decía: cuando vos hagas una canción no la canses. No hay que trabajarla tanto, porque lo más valioso es lo espontáneo de lo que te nace cuando tenés un sentimiento o una emoción».

El tema se masificó de tal manera que se transformó en banda de sonido de ese 1973 en distintos ámbitos. «La primera manifiestación popular del alcance que tuvo el tema fue cuando la escuché en la cancha con la letra cambiada: ‘Hay que ganar señore’ hay que ganar’. La inventiva popular es increíble. Adaptan una situación determinada de una canción y la llevan a la situación que ellos están viviendo», dice Ortega.

A pesar del condimento social y político del tema, «Yo tengo fe» tuvo un alcance universal y se tradujo al portugués y al alemán. Su trasfondo era político, aunque en la superficie la canción se tiñó de un mensaje casi religioso y esperanzador. El tema tuvo una promoción acorde a un ídolo de masas.

En una crónica del 26 de agosto de 1973 del diario LA NACION titulada «Palito Ortega promovió Yo tengo fe», se dice: «En un lujoso automóvil conducido por un chofer, como posiblemente cree le corresponde a un ídolo, Palito Ortega llegó a uno de los estudios de Canal 11 para ofrecer en vivo nada menos que un espectacular recital dedicado al pueblo que lo consagró como El rey».

Un año después, la canción «Yo tengo fe» le daba título a una película autobiográfica, dirigida por Enrique Carreras y protagonizada por Palito Ortega, que recorría toda su vida: desde su infancia pobre en Lules, donde creció en el seno de una familia campesina muy humilde; los obstáculos que tuvo que atravesar, hasta convertirse en un ídolo de la canción popular.

El film termina con Palito Ortega vestido a la usanza de un Elvis criollo, cantando el tema en vivo en el anfiteatro El Cadillal, de Tucumán, el mismo lugar que utilizarían León Gieco y Gustavo Santaolalla en la década del ochenta para uno de los pasajes fundamentales del épico De Ushuaia a la Quiaca.

El cierre de la película de Ramón Ortega también tenía ese trasfondo épico sobre su vida. «Yo tengo fe» sonaba nuevamente ahí, ya no como un himno político, sino reconfigurada como un himno de esperanza y superación. «Esa canción resume una forma de actuar en la vida más allá de los sinsabores y la adversidad. Me vine a Buenos Aires a los 16 años. No tenía familia ni amigos acá. La primera noche la pasé en un banco de plaza, en Retiro. Los comienzos fueron muy difíciles, pero yo tenía un propósito que era salir adelante y eso se lo agradezco a Dios por la fuerza de voluntad que me dio, y al ejemplo de mi viejo, que fue un laburador y sacrificó mucho por sus hijos».

En 1991, la canción tuvo un nuevo giro inesperado. Se convirtió en el jingle de campaña de Ramón Ortega cuando compitió contra Antonio Bussi por la gobernación de Tucumán. «Busqué la forma de instalar la idea de que quería ser candidato sin decirlo. Empecé a recorrer la provincia. Tenía un veinte por ciento de intención de voto; el peronismo tenía el 8, el radicalismo el 12 y Bussi tenía el 60. A él le causaba gracia mi campaña, verme caminar con ‘Yo tengo fe’ sonando de fondo», le decía al periodista Martín Artigas.

Finalmente Ortega se consagró vencedor.

Palito Ortega en campaña, en 1999
Palito Ortega en campaña, en 1999

El tema volvió a instalarse cuando Palito Ortega se presentó como candidato a presidente en la interna del Partido Justicialista, en 1999, en la que compitió contra Eduardo Duhalde. En los carteles de campaña figuraba la frase «Téngale fe» y al lado la cara de Ramón Ortega. «La canción ya la habían usado en otras campañas políticas. Para mí «Yo tengo fe» siempre fue una frase potente. Lo curioso es que naciendo de una situación tan particular, el tema tomó otra fuerza y universalidad. En fin, cuando uno se quiere dar cuenta una canción que nace de una anécdota simple, de pronto tiene otra trascendencia».

Hoy Ramón Ortega sigue grabando y está trabajando en un nuevo disco, pero no puede olvidar el impacto que tuvo aquella canción en su vida y en la sociedad de entonces. «Fueron acontecimientos muy fuertes.Hay toda una imagen que es muy potente. Resume bien a la música popular, un sentimiento que mejor expresado o interpretado viene de la realidad. Las canciones populares mías nacieron generalmente así, de un acontecimiento. Lo que uno percibe, lo que uno puede captar de lo que le está pasando a la gente, toma la forma de una melodía. Y esa forma después rápidamente es tomada nuevamente por la gente, porque en definitiva la canción es de ellos, nació de ellos».

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