LIBRO ELECTRÓNICO: el futuro en las bibliotecas públicas

Si no ha visitado una biblioteca pública últimamente, quizás no haya advertido que ya no necesita ir físicamente para sacar un libro o una película. Miles de bibliotecas públicas ahora permiten a sus miembros descargar libros electrónicos a sus celulares, tabletas y lectores. También prestan audiolibros digitales y ofrecen películas que se descargan por streaming. Al igual que otros materiales de las bibliotecas públicas, por lo general están disponibles gratuitamente para cualquiera que sea socio.

Pero una biblioteca o un individuo en realidad no puede poseer materiales digitales del modo en el que posee un libro impreso o una película en DVD o en VHS. Los usuarios de libros, música y video electrónicos han visto cómo sus colecciones quedaron inutilizadas cuando editoriales y distribuidoras apagan sus servidores.

En lo que respecta a las bibliotecas, hay acuerdos de licencia en general establecidos por las editoriales que determinan cuándo y cómo uno puede tomar materiales prestados y algunos de esos acuerdos están forzando a las bibliotecas públicas que tienen presupuestos limitados a hacer elecciones difíciles respecto de lo que ofrecen al público.

Al buscar las bibliotecas y las editoriales adaptarse a un mercado en cambio, los usuarios de bibliotecas pueden encontrarse con que, lo que en un tiempo era un recurso gratuito excelente para leer y ver, está afectado por acuerdos y políticas sectoriales que están fuera de su control.

Mientras que de acuerdo con muchos indicadores las ventas de libros electrónicos en general se han amesetado en los últimos años, sigue en aumento el uso de libros electrónicos a través de bibliotecas. Rakuten Overdrive, la mayor plataforma que provee de libros electrónicos a usuarios de bibliotecas, informó que sus clientes de bibliotecas de todo el mundo tomaron prestados 274 millones de libros digitales en 2018, un 22% más que el año anterior, incluyendo su app popular Libby. Los audiolibros digitales prestados a través de AudioDrive similarmente dieron un salto del 28% a 107 millones, según la compañía.

Por el lado del video, Kanopy, un servicio de streaming que ofrece a los usuarios de bibliotecas acceso a un catálogo rico en películas independientes y extranjeras se ha expandido a nuevas bibliotecas en los últimos años y conquistado un público creciente de usuarios interesados en su catálogo. La compañía dice que más de 14.000 títulos individuales han pasado por su servicio este año y el total de vistas creció un 47% desde 2018. El servicio convenció a menudo a la gente de que se hiciera socia de una biblioteca, lo que es requerido para su uso, e incluso atrae a algunos espectadores con conexiones a Internet lentas o directamente inexistentes en su hogar, dice la CEO Olivia Humphrey. «Realmente van a la biblioteca pública para ver Kanopy», dice.

Pero mientras la gente cada vez más recurre a las bibliotecas para sacar libros electrónicos y alquilar películas, esos servicios pueden ya no ser viables para las editoriales o accesibles para las bibliotecas. Este verano boreal, el gigante editorial Macmillan anunció que a partir del 1º de noviembre las bibliotecas solo podrán comprar una copia digital de cada libro en las primeras ocho semanas desde su lanzamiento.

Ese límite se aplicará por igual a bibliotecas de una sola locación en pequeñas ciudades y a sistemas de bibliotecas urbanas con múltiples filiales, lo que significa que solo una diminuta fracción de los lectores en las jurisdicciones más grandes podrían tomar prestado el libro digital durante ese período. Generalmente, las bibliotecas pueden llegar a comprar cientos de copias digitales de un libro que se espera que sea un best seller.

La decisión de Macmillan provocó críticas de bibliotecas importantes y de la asociación de bibliotecas de Estados Unidos, que lanzó un petitorio online reclamando a Macmillan que no implemente esa política. El petitorio ya recolectó más de 89.000 firmas, pero la editorial no ha anunciado cambios en el programa hasta ahora. La compañía no quiso hacer comentarios.

Este cambio podría alargar muchísimo la espera por libros populares. En este momento los bibliotecarios dicen que por lo general tratan de comprar suficientes copias como para que la cantidad de libros en espera sea manejable. Por ejemplo, Ed Brown, representante para Información Pública de la biblioteca pública de Nashville, donde se anunció el mes pasado el petitorio, dice que su biblioteca trata de tener al menos una copia por cada seis solicitantes de un libro. Eso hace que el tiempo de espera no supere los tres meses y medio. Pero la nueva política de Macmillan haría que eso resulte imposible en los primeros meses después del lanzamiento de un libro. «Si estamos limitados a una copia de un libro electrónico, nos preocupa que nuestros socios podrían tener que esperar hasta un año para sacar un libro popular», dice.

Un problema para los bibliotecarios, dice Steve Potash, fundador y CEO de OverDrive, es que los socios pueden suponer que es su culpa que un libro muy esperado no esté disponible. Los costos del vídeo por streaming también han sido un problema para algunas bibliotecas. Kanopy cobra a las bibliotecas públicas US$2 por cada vista de un video, la mitad de lo cual va a los dueños de la propiedad intelectual. En junio los tres sistemas de bibliotecas más importantes de la ciudad de Nueva York anunciaron que dejarían de ofrecer Kanopy a sus socios. «Creemos que la biblioteca no puede cubrir el costo de Kanopy y que se utiliza mejor nuestros recursos comprando colecciones de libros impresos y electrónicos para las que hay más demanda», dijo en una declaración Caryl Matute, jefa interina de la biblioteca pública de Nueva York.

Humphrey dice que la compañía ha ofrecido paneles de control detallados para el seguimiento y determinar cuántas películas cada socio puede ver por mes. La compañía sigue dialogando con la biblioteca de Nueva York para comprender cómo responder mejor a sus necesidades, dijo. La biblioteca pública de Nueva York no quiso hacer comentarios al respecto.

Los usuarios de bibliotecas no siempre comprenden que los modelos de negocio para distintos tipos de materiales digitales siguen en evolución y a menudo pueden ser muy distintos de la manera en que las bibliotecas distribuyen libros impresos o DVD.

Históricamente, las bibliotecas compraban materiales a través de distribuidores que a menudo les cobraban menos que lo que pagan lectores individuales en una librería. Bajo las leyes de Estados Unidos, las bibliotecas (y los individuos que compran libros) por lo general tienen derecho a prestar sus libros físicos por tanto tiempo y tantas veces como quieran, sin ningún pago adicional al autor o el editor.

Pero la historia es diferente con los libros electrónicos: las editoriales dictan los términos bajo los cuales cada libro electrónico puede ser prestado. Algunos libros electrónicos, como algunos que se ofrecen exclusivamente a través del lector Kindle de Amazon, simplemente no están disponibles para que las bibliotecas los ofrezcan a ningún precio, dice Patrick Losinski, CEO de la biblioteca metropolitana de Columbus, Ohio. Amazon no quiso hacer comentarios.

Muchos títulos que son ofrecidos por editoriales importantes vienen con acuerdos de licencia que requieren que cada copia virtual sea comprada nuevamente después de que haya sido prestada una cantidad de veces -digamos, 26 préstamos- o después de un cierto lapso de tiempo, explica el CEO de OverDrive.

Eso hace más complicado el préstamo de libros electrónicos para las bibliotecas, dado que no pueden dejar simplemente a esos libros electrónicos en un estante hasta que se desgastan. Tienen que decidir cuándo se justifica volver a comprar libros electrónicos más antiguos, incluso si mantienen sus colecciones impresas aún populares y compran copias de nuevas ediciones en ambos formatos.

«No hemos advertido realmente una declinación del uso de las colecciones impresas por la gente», dice Ron Suszek, administrador de servicios de biblioteca de la biblioteca pública de San Antonio. «Ha sido difícil para nosotros justificar la recompra de contenido digital».

Las bibliotecas pueden estar menos dispuestas a apostar a autores nuevos si le preocupa que sus libros pueden ser solicitados sólo unas pocas veces antes de expirar y desaparecer de los estantes digitales, dice Potash. «Esto va a reducir la exposición de sus autores», dice.

Una posibilidad sería que el Congreso, que controla la Ley de Derechos de Autor, cree algún tipo de sistema estándar para prestar libros electrónicos. En algunos países, los autores y a veces los editoriales reciben pagos del Estado cuando sus libros son prestados por las bibliotecas, y los detalles varían de un país a otro. Pero tal modalidad nunca ha sido aprobada en EE.UU. y no está claro cuánto apetito hay para que eso cambie en el futuro próximo.

Desde hace mucho tiempo, las bibliotecas públicas son un recurso valioso de las comunidades, a las que cualquier persona puede tener acceso a libros y otros medios sin costo y solo con ser socio. Pero al subir el contenido online y pasar de un modelo basado en la propiedad de copias físicas a otro gobernado por la letra chica de los acuerdos de licencia, pueden verse cada vez más limitadas en lo que ofrecen al público.

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