PRIMAVERA 2019: ¿es el 21 de septiembre? Rituales, y cambios energéticos

La pregunta sólo parece admitir una respuesta inequívoca: la Primavera comienza el 21 de septiembre. ¿Cómo dudar del inicio de la estación del amor, del Día del Estudiante y sus tradicionales celebraciones? Sin embargo, la astronomía incida que la fecha es otra.

Desde la ciencia que estudia los astros, se explica que el comienzo de la estación está supeditado al equinoccio de primavera. En el 2019, en el hemisferio sur se producirá el 23 de septiembre a las 4.50 (hora argentina) y terminará el 22 de diciembre.

Cuando se concreta un equinoccio, el Sol forma un eje perpendicular con el Ecuador, lo que genera que la duración del día y de la noche sea la misma en toda la Tierra.

El equinoccio ocurre dos veces en el año: en marzo y en septiembre. En el hemisferio sur, el de primavera se produce entre el 22 y el 23 de septiembre. Mientras que en el norte, entre 20 y 21 de marzo. Las fechas son inversamente proporcionales con el otoño, de acuerdo a la parte del mapa que se trate.

Ajuste energético

Para la astróloga Julieta Suárez Valente: «Todos los portales estacionales involucran un ajuste energético que el cuerpo astral y orgánico sienten. Por lo cual es frecuente que aparezcan algunos síntomas como alergias, cansancio o fatiga, ya que el cuerpo se está limpiando y preparando para el cambio de frecuencia. El cambio al nuevo entorno energético puede sentirse también psicológicamente, y en muchos casos, durante el portal de primavera, suceden muchos “darnos cuenta” que tienen relación con una necesidad de florecimiento, expansión y crecimiento personal que se manifiestan en sincronía con la propuesta de la naturaleza de dar nuevos frutos.»

«Este traspaso por el portal -agrega- es un buen tiempo para limpiezas de todo tipo: de los entornos, del hogar, y también, por supuesto, de nosotros mismos.»

Rituales para el Equinoccio de primavera

– La limpieza de ambientes puede realizarse usando resinas naturales como la mirra o el incienso quemados en carbón vegetal, que inundan el ambiente de mágicas esencias que penetran en las paredes, rincones y techos, descristalizando durezas energéticas, emociones atrapadas, contaminación y trabas. También podemos usar palo santo, salvia blanca, lavanda, ruda agradeciendo a estos elementos de la naturaleza por su asistencia mientras recorremos nuestro hogar. Este humo sagrado también estará limpiando nuestra aura y dándonos mayor conexión con nuestras potencialidades, neutralizando sobrecarga mental, desplazando confusiones y dándonos más foco y nitidez, claridad y discernimiento para los tiempos de cambio que vienen.

– A nivel orgánico e interno, es recomendable comenzar a soltar un poco los alimentos densos, muy calientes y cargados de aceites, para reemplazarlos por más frutas y verduras frescas, dándole al cuerpo más movilidad, capacidad de circulación y energía liviana. Mucha gente se anima a un pequeño ayuno o desintoxicación con jugos y licuados naturales para limpiar el hígado, órgano que, junto con la vesícula biliar, están asociados desde la medicina china con la primavera.

– Para comenzar esta época del año, podemos hacer un pequeño ritual que nos conecte con la germinación y el crecimiento de manera simbólica. Por ejemplo, la siembra de semillas en un cantero o en un macetero, como símbolo de nuestro potencial. También podemos armar una lista de intenciones que podrá ser quemada, y sus cenizas ubicadas en el contenedor donde se encuentren las semillas para fertilizarlas y empoderarlas.

Desde la astrología, puntos claves

Los equinoccios coinciden con dos grandes momentos de la rueda zodiacal, y por eso han tenido mucha resonancia con rituales ancestrales, con celebraciones de siembras y cosechas, con nuevos comienzos e iniciaciones. Se trata de un corte en el ciclo, de un cambio, de una limpieza energética, de una puerta a otro momento del tiempo, que viene acompañada de cambios climáticos y orgánicos. Junto con los solsticios (los puntos donde el día o la noche son más largos, verano e invierno), despiertan todo tipo de fantasías mágicas en el inconsciente colectivo: apertura de portales, iniciaciones, nuevas oportunidades, expansiones y retracciones; todos movimientos necesarios para que el ciclo de la vida continúe. Porque no existen las eternas primaveras, ni los inviernos perpetuos, por suerte.

El 23 de septiembre coincide con el punto inicial, el grado cero de Libra, que tiene como símbolo la balanza. (Así como el 21 de marzo inicia Aries, el carnero.) Ambos son signos de cambios, los llamados «cardinales» para la astrología, allí donde la vida se abre para que ingrese la luz y pueden pasar dos cosas: un comienzo o un redireccionamiento de la energía y de la perspectiva.

El punto equinoccial de Libra del 23 de septiembre es un medio giro del tiempo que nos permite, justamente, observar las circunstancias que nos rodean.

Coincide este momento astrológico con que Saturno y Júpiter ya estarán directos en sus trayectorias orbitales; el tiempo, las decisiones, los movimientos se ponen en marcha, para buscar con la suavidad venusina el equilibrio adecuado que nos lleve a ese lugar deseado. También se da este año con la luna en Cáncer cerca del nodo norte, que mueve mucha energía femenina y de cuidado, replanteando muchos temas familiares y de afecto, y con Júpiter y Neptuno en cuadratura, estirando nuestras creencias y valores, mostrando confusiones o desencanto con algunas personas. El amor, Venus en Libra, madurando y reestructurándose en una cuadratura con Saturno, para apostar a tener charlas profundas y comprometidas, que midan dos puntos de vista sobre un mismo asunto. 

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