VINO DEL SIGLO XVII: perdido en un naufragio se subasta

En una semana algún comprador afortunado -en el doble sentido de la palabra- se hará con alguna de las botellas recuperadas en 2010 de un naufragio acontecido a fines del siglo XVII en las costas alemanas. El monto que deberá pagar por una de las botellas ahora subastadas, que Christie’s, la casa que las vende, describió como «de cuestionable bebibilidad», parte de unas 30 mil libras esterlinas como base. Al cambio de hoy, poco más de 1,6 millones de pesos.

¿De qué vinos se trata? Poco después de halladas la docena de botellas -estaban hundidas en el barro en un canasto de ratán, según reportó The Drink Business esta semana- dos ejemplares fueron remitidos a la universidad de Dijon, en la Borgoña, cuyo laboratorio de análisis tiene merecida fama mundial. Ahí, los técnicos concluyeron que, debido a la presencia de ácido tartárico y resveratrol, se trata de un vino que fue un «potente tinto», cuya datación con carbono fijó su elaboración entre 1670 y 1690.

Por supuesto, las dos botellas que entran a subasta entre el 5 y 6 de junio próximo, vienen en sendos cofres especialmente diseñados, sumergidas en agua de mar.Ads by scrollerads.com

Así como el vino hoy surca los mares, en los tiempos mercantilistas del siglo XVI al XIX, buena parte de los vinos de Europa ubicados en torno a puertos -de Burdeos a Madeira- se embarcaban y vendían entre el Báltico y el Atlántico. Así, en 2010, otro barco fue hallado en torno al archipiélago de Åland, entre Finlandia y Suecia, con un hermoso tesoro: 168 botellas de Champagne. También fueron a subasta.

Lo interesante del caso, es que esas botellas sí tenían una historia clara. Pertenecían a un cargamento de Veuve Clicquot Ponsardin, Heidsieck y Juglar -conocida como Jacquesson a contar de 1832-, tres compañías de noble abolengo que por esos años estaban ascendiendo a la cresta de la ola. Para corroborar el origen, los cazadores de tesoros echaron mano de los registros epistolares de la viuda de Clicquot, quien comandaba entonces la empresa, con su responsable comercial en Finlandia.

Esta vez fue la Universidad de Reims -en el corazón de la Champagne- quien dictaminó el estilo del producto: con descriptores como cuero, humo y especias, además de notas de crema y cierto carácter frutal y floral, esas botellas habían perdido ya el gas y contaban con unos 150 gramos de azúcar residual y alcoholes de 9%. Mucho más dulce que el más dulce de los espumosos actuales.

Entraron a subasta y alcanzaron también las 27 mil libras por unidad, en su momento, las más caras de la historia.

¿Sirven para brindar?

El fondo del mar puede ser la cava perfecta, siempre que el corcho se la banque
El fondo del mar puede ser la cava perfecta, siempre que el corcho se la banque Crédito: Shutterstock

Al menos nadie se va a envenenar, aclaran los especialistas. Pero el asunto es otro: bajo la casi constante temperatura del mar y a buena oscuridad y resguardo de los rayos UV, se encuentra una cava perfecta, en la medida en que los corchos no fallen a la presión y salinidad. Esta condición es la que garantiza el estado de conservación de los vinos, aunque el resultado no necesariamente sea apetecible al paladar.

En Chile, por ejemplo, Viña Casanueva ha sumergido racks enteros de botellas en el Pacífico a la espera que las frías aguas de la corriente de Humboldt hagan su trabajo. Mientras que los catalanes de Freixenet hicieron los suyo con todo un cargamento de Cordón Negro y bodega Espelt Viticultors, de Gerona, hundieron 300 botellas en el Mediterráneo como parte de un proceso creativo (y comercial) con El Bulli de Ferran Adrià.

Esas jaulas con botellas no serán tan románticas como las recuperadas de naufragios. Ricas o no, al menos ofrecen un buen lugar para una selfie subacuática si se es afecto al buceo.

En materia de hallazgos en el fondo del mar Báltico, sin embargo, el más espectacular ocurrió en 1998 y arrojó un saldo cuantioso: dos mil botellas de Heidsieck que permanecían hundidas en 1907 y de las que algunas se han servido en ocasiones especiales. El precio pagado en una subasta en 2012 alcanzó los 275 mil dólares la botella, estableciendo un nuevo récord.

Ahora bien, si damos crédito a lo que se publica en algunos sitios de vinos en Internet, conviene saber que en el Ritz Carlton de Moscú las ofrecen a US$30.000. Digo, por si alguien tiene chances del viaje y ganas del gasto, sin hundir una fortuna en un tesoro que alguna vez estuvo hundido también.

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