LA VIDA DE LOUIS ARMSTRONG: música, palabras e imágenes

Detrás de sus candentes solos de trompeta, su improvisación vocal revolucionaria y su personalidad exuberante sobre el escenario, ¿cómo se veía a sí mismo Louis Armstrong? ¿Qué se sentía ser el primer virtuoso pop de la era discográfica —el hombre cuyos primeros lanzamientos marcaron la pauta del romance de EE. UU. con la música negra moderna— y convertirse en una de las figuras del entretenimiento más famosas de la historia?

De hecho, hay una profunda fuente de recursos disponibles para ayudar a contestar estas preguntas. Durante toda su vida adulta, lejos de los reflectores, Armstrong acumuló una gran colección de escritos, grabaciones y artefactos. Pero hasta este mes, uno tendría que haberse trasladado a la sección de Queens de Nueva York para encontrarlos.

Gracias a una subvención de 3 millones de dólares de la Fund II Foundation —dirigida por Robert F. Smith, un multimillonario afroamericano— la Casa Museo de Louis Armstrong ha digitalizado toda la colección y está disponible en:

https://collections.louisarmstronghouse.org/

Armstrong escribió cientos de páginas de memorias, comentarios y chistes, y envió miles de cartas. Hizo collages y álbumes de recortes. Se grabó a sí mismo en cintas de carretel, capturando todo, desde conversaciones casuales hasta la música que estaba escuchando. Armstrong no es sólo una de las vidas privadas mejor documentadas de cualquier artista estadounidense. También es una de las vidas documentadas con mayor creatividad.

El músico había sido en gran medida responsable de moldear el jazz en la música sofisticada e impulsada por la juventud en la que se convirtió en los ‘30. Se volvió un símbolo de orgullo racial, mezclando la delicadeza del Tin Pan Alley con el dialecto callejero y cantando sobre las frustraciones de la gente de color.

Sin embargo, su imagen sonriente sobre el escenario —una expansión de los espectáculos ambulantes y los cabarets de Nueva Orleans de su juventud— quedó desfasada de los gustos del público afroamericano. (“Hombre, me encantaba la manera en que Louis tocaba la trompeta, pero odiaba la manera en que tenía que sonreír para agradar a algunas personas blancas cansadas”, escribió Miles Davis en su autobiografía).

Estos archivos contienen las herramientas para entenderlo. Vemos a un hombre en sintonía con la raza y la política, que tomó en serio su papel como embajador internacional para la cultura estadounidense y reconoció los logros de otros afroamericanos.

Louis Armstrong en su casa en 1958. La casa en la ciudad de Nueva York, ahora un museo, permanece como la dejó en 1971.  (Charles Graham; Nathan Bajar para The New York Times)

Louis Armstrong en su casa en 1958. La casa en la ciudad de Nueva York, ahora un museo, permanece como la dejó en 1971. (Charles Graham; Nathan Bajar para The New York Times)

Los álbumes de recortes de Armstrong dejan en claro que seguía muy de cerca la manera en que era percibido. Cuando viajó a Baltimore, Maryland, en 1931, donó 300 bolsas de carbón a los residentes de un barrio negro marginado, y guardó el recorte de la noticia. Y, el año siguiente, cuando un crítico británico abiertamente racista se refirió a él como “Sr. Feo” (“luce, y se comporta, como un gorila no amaestrado”, rezaba el artículo), también guardó un recorte. Armstrong escribía constantemente —en su mayoría cartas y cuentos sobre su vida, pero también epigramas y chistes que abarcaban páginas enteras. Escribía en un estilo vertiginoso y con una puntuación extraña. Las comas se convertían en apóstrofos; la jerga afroamericana chocaba con el inglés convencional. Su originalidad musical es igualada en la página.

Para 1936, cuando tenía treintaitantos años, ya había publicado una autobiografía. En el curso de su trayectoria, escribió más de 10.000 cartas a fans, cientos de páginas de memorias personales y suficientes chistes extensos para llenar un libro entero.

Los pasatiempos de Armstrong además de la escritura fueron más difíciles de recabar para la posteridad. Un ejemplo: los cientos de collages que hizo, cortando y combinando fotografías, ilustraciones y textos.

A partir de inicios de los ‘50, pocos pedazos de papel se salvaron del filo de las tijeras de Armstrong: revistas, fotografías atrevidas e incluso una tarjeta navideña del ex presidente Richard M. Nixon terminaron recortados y convertidos en collage.

En uno de ellos, cubrió una página con fotos de Jackie Robinson,quien se convirtió en el primer jugador de raza negra en el béisbol de Ligas Mayores. Otro une a Duke Ellington y Kermit Parker, el primer hombre de color en competir por la gobernación como demócrata en Louisiana.

Cuando Armstrong murió en 1971, a los 69 años, su esposa Lucille se aseguró de que la casa que compartieron quedara exactamente como él la había dejado.

A partir de diciembre de 1950, Armstrong usó una grabadora para captar conversaciones casuales, el sonido ambiental de los lugares donde tocaba, entrevistas con periodistas, transmisiones de radio que le gustaban y más.

“La posteridad lo animó a hacer manuscritos, grabar cintas y catalogar todo”, señaló Ricky Riccardi, un destacado estudioso de Armstrong. “Estaba totalmente consciente de su importancia y quería tener el control de su propia historia”.

 

FUENTE: GIOVANNI RUSSONELLO

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