Premios y castigos: ¿por qué los especialistas no recomiendan este método en niños?

Cuando hablamos sobre crianza, nos asaltan miles de dudas. Es sabido que no se entrega junto al DNI del niño un manual para padres y madres perfectos; y en medio de esas preguntas, junto a la ayuda de profesionales idóneos los adultos descubren y aprenden las formas más sanas y adecuadas de formar a sus hijos.

En este marco, un sistema que muchas veces se aplica con los chicos, aunque no es recomendado por los especialistas, es el de premios y castigos. Pero, ¿por qué lo descartan los profesionales en salud infantil? Entremujeres consultó sobre esto a la doctora Ángela Nakab, especialista en Pediatría y Adolescencia y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

“La formación de la personalidad de un niño, en general, se construye con el vínculo con sus padres, con el entorno, con los maestros, con la familia ampliada. Por eso los adultos, cuando ordenan el mundo de los niños, ayudan a recorrer un camino más seguro y confiable”, introdujo la médica.

La especialista aseguró que “el castigo no es lo ideal en la crianza”. La manera correcta de enfrentar esas situaciones problemáticas es “demostrar con el modelo de los adultos lo que uno intenta que los niños vayan creando con el paso del tiempo. El objetivo es poder internalizar las normas pensando, reflexionando, no sometiéndose”, afirmó.

¿Y de qué modo puede hacerse esto? Según la representante de la Sociedad Argentina de Pediatría, “la manera es mostrando firmeza, señalando el camino, explicando a los chicos en forma anticipada qué cosas sí se pueden hacer y con qué cosas no estamos de acuerdo”.

Para que los chicos internalicen límites y normas, el camino debe ser a través de la enseñanza y de incentivos amorosos. “Uno tiene que tratar de generar estrategias para estimular el aprendizaje de las normas, el comportamiento y lo que es deseado por los adultos que están criando a estos niños. Entonces, los límites y las normas deberían ser fijados de manera que no afecten el respeto y la autoestima. Esto se puede lograr a través de estimular el comportamiento deseado y desalentar el indeseado”, dijo Nakab.

En ese sentido, destacó que “lo que uno busca es mostrar seguridad al tomar decisiones. Muchas veces es el adulto el que tiene que decidir y le tiene que demostrar al niño por qué está decidiendo lo que está decidiendo”.

“Lo que los adultos debemos tratar de lograr es que ellos vayan incorporando lo que sí y lo que no; no marcar solamente las normas y la ley. Y cuando hay algo que uno considera que no está en el camino correcto hay que ofrecer alternativas, no siempre hay que decir que no a todo, sino mostrar lo que sí se puede. Esa es una manera de reconocerlo y de no frustrarlo todo el tiempo”, añadió.

La médica aconsejó no volcarse a premios sino a “reconocimientos”: “Lo más importante es mostrarle al niño el afecto, el amor que se siente por él. Una manera es haciendo un contacto físico frecuente: mimos, caricias, que van mostrando un refuerzo positivo y que uno realmente está contento con lo que está pasando”. Al mismo tiempo, aclaró que “un premio ocasional no va a alterar la crianza ni el temperamento de un niño, pero lo ideal no es hacer reconocimientos materiales, aunque es muy habitual que se hagan”. A modo de ejemplo, detalló los efectos de decirle a un niño “‘qué bueno lo que pudiste hacer’, ‘estoy muy contento con esto’, mostrar los sentimientos propios y dejarle al niño mostrar sus propios sentimientos. Entonces, de esa manera uno va reforzando permanentemente las cuestiones positivas”.

Los clásicos castigos como quitarle algo al niño o no permitirle tal cosa no son lo aconsejado por los profesionales. Lo que debe intentarse es hacer entender al chico el resultado de su proceder. “En relación a sancionar alguna conducta, uno tiene que considerar cuándo la acción del niño es inapropiada y que se dé cuenta cómo son los efectos de ese comportamiento. Por ejemplo: ‘Si seguís molestando a tus compañeros, no van a querer formar equipo con vos’. Entonces, lo que va pasando es que el niño va reconociendo las consecuencias de sus actos. A diferencia del castigo, no se trata de hacer sentir mal al niño sino de asumirlo como un ser que puede ir afrontando responsabilidades”.

Por el contrario a lo que creen quienes los aplican, los castigos no derivan en enseñanzas positivas. Nakab sostuvo que “el uso de métodos punitivos, cualquier tipo de sanción da como resultado el aprendizaje de formas no apropiadas de la resolución de un problema, a través de la agresión. Si se reitera, puede dejar marcas en el desarrollo del niño”.

En esa línea, llamó a la reflexión al mencionar que “es bueno preguntarse si nos interesa que los chicos obedezcan ciegamente o que vayan con el tiempo aprendiendo las razones de las normas, que las incorporen a la vida cotidiana, que las practiquen y las vayan modificando en el caso de que sea requerido”. Al mismo tiempo, sostuvo que “los métodos de disciplina tienen que ser coherentes a lo largo del tiempo, consensuados entre los padres o quienes críen al niño y es necesario jerarquizar las faltas”.

En tanto, resaltó un punto que, además de estar penado por la ley, no cabe dentro de ninguna posibilidad sana ni aconsejable para la vida familiar. La pediatra aseguró que “es muy importante recalcar que el castigo físico tiene que estar totalmente fuera de todo tipo de educación y crianza. Esto lo que muestra es impotencia, descontrol, mal manejo del poder por parte del adulto. Y expone al niño a un maltrato que no está en condiciones de manejar y que lo pone en riesgo. El castigo físico no enseña nada: si algo se aprende sólo es reprimir sus sentimientos, esconder su ira, lograr niños con miedo, con resentimiento. Es muy importante en el rol del adulto no enseñar a través de la violencia”.

Por último, la especialista destacó cuál podría ser una de las razones del mal comportamiento de un niño. “El adulto tiene que entender que, muchas veces, las conductas inapropiadas del niño parten de la necesidad de este niño de sentirse valorado. Hay que establecer rutinas, ordenar la vida del niño y brindar calidad de tiempo compartido en exclusividad a cada uno de los chicos”, concluyó.

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