¿Es bueno tener hijos a edad avanzada? Ventajas y desventajas

Cada vez tenemos menos hijos y lo hacemos más tarde. Un estudio sobre los nacimientos producidos en 2015 en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires reveló que el promedio de edad de las madres superó los 30 años, mientras que el de las primerizas se aproximó a esa franja etaria.

Un análisis realizado por la Dirección General de Estadísticas y Censos porteña llegó a la conclusión de que la edad de para decidir el embarazo es cada vez más alta, así como la cantidad de hijos por madre es cada vez menor. Todo indica que estas cifras remarcarán más la tendencia en los próximos años.

El estudio de campo detectó que en el año 1991 las mujeres que tuvieron hijos lo hicieron antes de los 29 años. Este promedio se mantuvo por una década, pero desde 2003 comenzó a aumentar: ya en 2013 la edad de maternidad alcanzó los 30 años. En lo que va de este siglo también se detectó un notorio aumento de la edad del primer matrimonio, que pasó de un promedio de 28 años en 1990 a 33,2 años en el 2015.

Las razones son múltiples: desde el aumento de la edad de emancipación debido al paro juvenil y a la prolongación de los estudios, hasta la falta de medidas de conciliación familiar y de apoyo a la maternidad. La crisis no ha hecho sino agravar esta tendencia, ya que ahora se tarda más tiempo que antes en desarrollar una carrera profesional que otorgue estabilidad económica.

Ventajas y desventajas de tener hijos mas tarde

Está comprobado que quienes tienen hijos a edad avanzada corren más riesgo de que estos últimos desarrollen enfermedades mentales o congénitas -como el Síndrome de Down-, bajo peso al nacer o prematuridad.

Sin embargo, no todo son desventajas: las investigaciones recientes muestran que quienes son padres más tarde ven su esperanza de vida incrementada. Sus hijos gozan, además, de mejores capacidades cognitivas y un nivel educativo más alto.

Esto último se explica porque los padres mayores suelen tener más recursos económicos y sociales aunque, por otro lado y como explica Aroa Albert Hernández, psicóloga infantil y familiar de Apai Psicólogos, también hay estudios que afirman que la diferencia generacional puede suponer más dificultades de relación a nivel familiar, sobre todo en edades más complicadas, como la adolescencia.

En general, y aunque depende de cada contexto y situación personal, puede decirse que quienes esperan para ser padres tienen más madurez emocional y vital por el simple hecho de haber acumulado más experiencias vitales. Cuanto más mayores somos, más claras tenemos nuestras ideas y necesidades, lo que nos otorga una mayor estabilidad emocional. También tendemos a ser más responsables y conscientes, por lo que nos preparamos y organizamos mejor.

Por otro lado, la edad nos hace más susceptibles al cambio: nos puede resultar difícil adaptarnos a todo lo nuevo que trae consigo la paternidad. “Normalmente, cuando los progenitores son mayores, han elegido el momento de serlo, económica y profesionalmente hablando. Las preocupaciones en este sentido se reducen, pero aumentarían en otros campos” comenta Aroa Albert.

La especialista señala como desventajas el hecho de que la fertilidad se reduzca con la edad, así como la salud del bebé y la madre -sube la tensión arterial y hay más probabilidad de desarrollar diabetes o enfermedades congénitas durante el embarazo-, pero puntualiza que todo tiene ventajas y desventajas y que la mejor guía es, siempre, el sentido común.

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