Cinco consejos para tener la panza chata

Horas de gimnasia y alimentación saludable, esa parecería ser la fórmula para lograr un abdomen plano. Sin embargo, muchas personas que practican actividad física de forma regular y no tienen exceso de peso, lucen una panza abultada. En esos casos, hay pequeños ajustes que pueden ayudar a lograr un vientre lo más chato posible.

Burbujas afuera

El gas es enemigo del abdomen plano, ya que no importa de dónde provenga, siempre hincha.

“Todas las gaseosas, tanto las comunes como las light, producen inflamación del abdomen, ya que ambas tienen gas”, explica Graciela Simán Menem, doctora especialista en endocrinología y metabolismo. Y agrega: “Las aguas saborizadas finamente gasificadas también producen inflamación, aunque en menor medida”.

Además, no solo el azúcar inflama, los edulcorantes pueden llegar a producir el mismo efecto (aunque sin el plus de las calorías).

Detectar qué alimentos hinchan

Está comprobado que algunos grupos de alimentos, como las coles (coliflor, brócoli, repollo, entre otras) y las legumbres son más propensos a generar inflamación en el sistema digestivo. “Si tengo una fiesta, por ejemplo, se sabe que ese día es preferible evitar alimentos como las gaseosas, los hidratos con azúcares y los alcoholes porque producen inflamación”, indica Simán Menem.

Sin embargo, algunas personas se inflaman con alimentos que no forman parte de esa categoría. “Ante un mismo alimento cada uno posee una respuesta diferente, por lo tanto, hay que considerar la personalización a la hora de recomendar o desaconsejar alimentos”, señala Norma Guezikaraian, licenciada en Nutrición de la Fundación Barceló.

Un caso famoso es el de la fisicoculturista e instagramer fit Michelle Middleton, quien sufría de distensión abdominal y suele subir fotos en las que muestra el antes y el después de su dieta antiinflamatoria. “Tuve que aprender a ser consciente de cómo reaccionaba mi cuerpo ante determinados alimentos (…) Las frutas, los vegetales, el yogurt griego y los polvos proteicos me inflamaban. Cada persona es diferente y lo que hincha a una puede no hinchar a la otra”, contó en un post.

Middleton sigue un sistema llamado FODMAP -el acrónimo del inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols-, que en español se traduce como “oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables”. El mismo consiste en una lista de alimentos que indica cuáles son los alimentos altos en FODMAPS y propone una alternativa baja en estos componentes; así, por ejemplo, en lugar de la manzana sugiere el kiwi.

Se trata de un método que solo se indica en casos de trastornos intestinales de tipo funcional y, por ese motivo, debe realizarse bajo supervisión médica.

Mantener una buena postura

“Parate derecho”; ese reclamo de madres y abuelas tiene sentido. Es que una mala postura también tiene sus implicancias estéticas y, a nivel abdominal, hace que la panza luzca hacia afuera.

La postura correcta mantiene la pelvis en una posición neutral, sin irse hacia adelante ni tampoco hacia atrás.

En ese sentido, es de gran ayuda realizar ejercicios que tonifiquen el core, como se conoce a la zona formada por los abdominales y la parte baja de la espalda, ya que los músculos fuertes favorecen la estabilidad lumbar.

No al estrés

Además de todo el malestar emocional y físico que puede llegar a ocasionar, el estrés sostenido en el tiempo engorda.

Un estudio de la University College London (UCL), liderado por Sarah Jackson, analizó, durante más de diez años, a 2.527 hombres y mujeres, y determinó que la mayoría de los que acumulaban grasa en la zona abdominal presentaban los niveles más altos de cortisol, una hormona que el organismo segrega como respuesta al estrés.

Ya en el año 2000, especialistas de la Universidad de Yale habían analizado las causas de las “stress belly” o “panza del estrés”, que se producen en mujeres delgadas que solo concentran grasa en el abdomen. Su conclusión fue que el cortisol “afecta la distribución de la grasa, haciendo que esta se acumule alrededor de los órganos de la zona media del cuerpo”.

¿Y los alimentos termogénicos?

Es común leer que para quemar grasas es necesario consumir mayor cantidad de los llamados “alimentos termogénicos”, es decir aquellos que poseen sustancias capaces de elevar la temperatura del organismo y acelerar el metabolismo. Algunos ejemplos son la pimienta, el jengibre y la palta.

Sin embargo, los especialistas aseguran que el término es más marketinero que real; “todos los alimentos son termogénicos, algunos más que otros; si generan más calor dan más saciedad, pero es no significa que quemen grasas. Una sopa o las infusiones disminuyen el apetito sobre todo por efecto del calor, pero un guiso de lentejas también nos da calor y está lejos de quemar calorías”, explica Jorgelina Latorraga, coordinadora del Servicio de Alimentación y Nutrición del Sanatorio Finochietto.

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