Phil Collins, frágil y desmejorado: usa bastón y preocupa su salud

Este año, a 23 años de su único show en Buenos Aires -y luego de su presentación del lunes en Córdoba- Phil Collins ofreció un gran concierto en el Campo Argentino de Polo. Un repertorio basado en los grandes éxitos de su carrera solista y algunas composiciones de su legendaria banda Genesis que hicieron lagrimear a más de un nostálgico.

La presentación fue en marzo y ya se evidenciaban limitaciones físicas del músico británico. Las dolencias -que lo habían alejado varios años de los escenarios- lo tenían a maltraer en su regreso: se lo vio todo el show sentado, lo que le restó cierto despliegue histriónico al espectáculo.

Hace unos días, el británico de 67 años asistió a la inauguración de su tienda de joyas y se mostró muy desmejorado. Los medios internacionales se hicieron eco y los fans del mundo están preocupados. Uno de los cantantes y compositores más brillantes de las últimas décadas permaneció sentado casi todo el tiempo y para caminar lo hizo ayudado de su bastón y de su esposa. La postal de fragilidad fue un puñal para sus seguidores.

Su gran apoyo anímico es hoy Orianne Cevey (de 45 años), la mujer de la que Phil se separó diez años atrás -“fue un error”, declararon y volvieron a convivir-. No se despega un segundo de él y lo asiste en cada costoso paso que Phil da.

Collins intenta sacar fuerzas de donde no tiene: está actualmente de gira por los Estados Unidos con su espectáculo I’m not dead yet (Aún no estoy muerto). Este show cómico, que interpreta desde una silla, fue su vuelta a los escenarios después de haber sufrido una caída en 2017.

También Orianne sufrió problemas de salud en 2014 luego de la dislocación de una vértebra. Esta intervención la obligó a permanecer en una silla de ruedas durante algunos años, por lo que denunció al cirujano suizo que realizó la intervención. “Cuando me desperté no sentía nada en todo mi cuerpo, de la cabeza a los dedos de los pies”, explicó ella. Ambos son padres de Nicholas, de 16 años, y de Matthew, de 13. El músico tiene tres hijos más de otras relaciones: Simon (de su matrimonio con Andrea Bertorelli), Lily Collins (de su vínculo Jill Tavelman), y Joely, a la que adoptó.

¿Qué sufre exactamente Collins? “La curva de una vida de excesos”, suele explicar. Dolores cervicales, giras de casi un año sin detenerse, alcohol y drogas hicieron un combo letal en varias décadas.

“He pasado unos años difíciles. Dejé de trabajar para estar cerca de mis hijos, Nick y Matt. Después de pasarme la vida de aquí para allá, decidí frenar en seco”, explicaba años atrás sobre su decisión de retirarse. “Las cosas se fueron complicando. Me divorcié de mi tercera esposa, Orianne, se marcharon todos a Miami y eso dejó un profundo vacío. Yo seguía viviendo en Suiza, y las distancias se me hacían insalvables… Ahora se ha vuelto a cerrar el círculo. Vuelvo a ser un padre feliz”.

Respecto a sus problemas con el alcohol, confesó: “Admito que bebí mucho. Empecé con la típica copa ante el televisor y acabé con una complicación que casi me cuesta la vida, una pancreatitis. He visto la muerte de cerca… Todo aquello me pasó factura y me acabó afectado físicamente. La herida en la mano, luego el brazo y la espalda”.

A principios de marzo, el músico reconoció sus constantes problemas de salud y su empeño por salir: “No soy un joven, pero estoy bien y haciendo lo que me gusta”. En febrero, Phil había sufrido un episodio que se tomó con humor: fue retenido por la Policía Federal brasileña al aterrizar en Río de Janeiro.

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