En el Garrahan imprimen los corazones en 3D para planear mejor las cirugías

Llegar a la cirugía lo más preparados posibles y sin ninguna duda. Con ese objetivo es que en el Hospital Garrahan empezaron a imprimir corazones 3D de los pacientes con patologías complejas que deben ser operados. “Esta nueva herramienta nos permite sumar detalles que ayudan a tomar decisiones en la previa. Eso es clave ya que antes definíamos algunos cuestiones dentro del quirófano”, le cuenta a Clarín Marisa Di Santo, jefa del servicio de Cardiología del hospital pediátrico. Es la primera vez que se hace en un hospital público del país. Ya hicieron réplicas de los órganos de ocho chicos y aseguran que con ellas logran reducir el riesgo de las intervenciones.

Los resultados de los estudios realizados al paciente que debe ser intervenido (ecocardiograma, tomografía computada y resonancia magnética) se aplican a un software especial. Con esa información, se imprime en 3D el corazón enfermo. Se trata de una versión exacta, diseñada a escala real en silicona, con la que los especialistas pueden estudiar la anatomía de la persona y practicar. La técnica, que empezó a utilizarse a fines del año pasado, permite «operar muchas veces al paciente antes de intervenirlo», afirma el jefe de Cirugía Cardiovascular del Garrahan, Pablo García Delucis. Este tipo de cirugías es frecuente: sólo en 2017, se hicieron 843 intervenciones por cardiopatías congénitas.

Hace tres meses, el equipo del Garrahan se enfrentó a un caso de malformación de la conexión entre los vasos y los ventrículos en un bebé. “El nene, de menos de un año, tenía además los vasos corridos, no estaban en el lugar correcto. El cirujano debía definir cómo cerrar esa comunicación entre ventrículos que en un corazón normal no existe y lograr que la aorta quedara unida con el ventrículo izquierdo. No estábamos seguros si esto iba a ser posible. Tener el corazón, poder verlo, tocarlo y simular el procedimiento nos ayudó mucho”, explica Di Santo. Dice que, al imprimirlo, lograron entender mejor la relación de las estructuras (tamaños y distancias) y llegar a un acuerdo fuera del quirófano sobre la estrategia más conveniente.

“En ese caso, como ocurre en otras cardiopatías congénitas complejas, no era lo mismo ver un ecocardiograma que tener el corazón en la mano. El órgano tiene el tamaño del puño de la persona, en un bebé es muy chiquito y las estructuras son mínimas. Eso hace que sea todavía más difícil trabajar”, asegura Di Santo. De ahí la importancia de adelantarse y permitirse cierto ensayo y error antes de entrar en contacto con el paciente.

Según los profesionales, con esta técnica existen “menos posibilidades de encontrarse con defectos que hayan pasado inadvertidos” y, por lo tanto, esto hace que disminuya el riesgo de la operación y las posibilidades de secuelas. “A su vez, el cirujano no llega con tres alternativas de intervención como pasaba anteriormente. Ahora va con el camino definido”, remarca la jefa del servicio de Cardiología del hospital. De esta forma, dice, también se “acortan los tiempos de la cirugía”.

Di Santo cuenta que “simular la intervención implica poder colocar parches, resecar (cortar) tejido y músculo y abrir válvulas con un bisturí”. Esto sirve, además, para enseñar. “Esa es la otra vertiente en la que se va a avanzar bastante: con la impresora 3D ya no va a resultar necesario recurrir a corazones de verdad. Vamos a poder tener acceso a todas las malformaciones y replicarlas las veces que queramos”, afirma Di Santo.

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