José Luis Perales: «Ahora vendo más libros que discos»

A pesar de haber escrito más de 500 canciones, José Luis Perales nunca pensó en convertirse en escritor. Para él, la literatura era palabra mayor. Tampoco imaginó que sus libros fueran a publicarse, ni que hablar de venderse. Por eso cuando empezaron a editarse en Argentina, solo sintió más felicidad. Y es que le encanta la Argentina. Tanto que piensa dedicarle una canción a las Madres de Plaza de Mayo y que el único árbol extranjero que tiene en su casa en Castejón es el ceibo, un regalo que se trajo después de una entrevista en Córdoba. “Me escuchó un niño hablando por radio y cuando salí de allí, me estaba esperando en la puerta con una cajita de semillas en la mano”, cuenta.

En La hija del alfarero, el libro que sale el 1 de abril, Perales habla sobre la vida en los pueblos perdidos de España, sobre el amor de familia, la crueldad de la vejez y la lucha de las mujeres en un mundo de hombres. Pero siempre con un giro optimista. “Los comunicadores de cualquier tipo tenemos la labor de dar positivismo a cualquier persona que nos escucha o que nos lee”, afirma.

-¿De dónde surgió la iniciativa por convertirse en escritor?

-Siempre he tenido la idea de hacer una canción más larga, de desarrollar más sus personajes y sus historias sin límite de tiempo. Yo siempre escribía cuentos y relatos y un día me encontré con una amiga mía, Paloma Gómez Borrero (periodista y escritora), que me pidió que le mandara las cosas que hacía. En ese momento estaba escribiendo algo más largo, se trataba del primer libro, Melodías del tiempo. Así que cuando terminé, se lo mostré simplemente para que lo leyera, se distrajera con él y, eso sí, me diera su opinión.

En cuanto lo leyó, Gómez Borrero le sugirió que lo enviara a una editorial. Como él no se animó, fue ella misma quien le hizo el contacto. Así fue cómo llegó a manos de Plaza & Janés. Un mes más tarde, cuando ya casi se había olvidado del tema, lo llamaron para anunciarle que publicarían su libro porque consideraban que era una “novela notable”.

-¿Qué sintió cuando lo llamaron?

-Pues, me asusté un poco, porque no es mundo en el que yo estoy acostumbrado. El mundo literario tiene otras reglas, para mí era algo muy nuevo. Y me tuve que preparar para afrontar eso. Incluso cuando se presentó el libro en una rueda de prensa, yo me quería ir a mi casa. No estaba preparado para leer unas cuantas frases, ¡me ponía nervioso! ¡Con los años que tengo de estar en escenarios y me ponía nervioso…!

-Entonces fue un poco accidental su encuentro con la escritura.

-Sí, escribir un libro no era un objetivo. La verdad es que yo consideraba que había escrito bastante. Fue muy curioso cómo me apasioné a la hora de jugar con los personajes, de llevarlos a sus mundos extraños. Me pareció mágico. Empecé a dejar de escribir música. Y de hecho sigo escribiendo libros.

-A la hora de escribir, ¿tuvo que enfrentarse al drama de la página en blanco?

-La página en blanco es una canción que tiene música, pero no la he llegado a grabar todavía. Y es verdad que es un drama la página en blanco, nos dice: ¿de qué hablo ahora? Sobre todo cuando he hablado de tantas cosas y durante tanto tiempo. Son 40 años contando cosas, muchos años para inventar algo nuevo. Pero simplemente me puse a escribir, escribir, escribir y las historias fueron saliendo. Tuve una fuerte alimentación de experiencias propias que viví en mi pueblo. Yo soy muy campesino y los recuerdos y la nostalgia del pueblo volvían como imágenes que se me representaban: de la vida tan aislada, de sus personajes y sus conflictos, de los paisajes. Y terminé haciendo un libro con todo eso que percibí de niño. Era un retrato muy fiel.

-¿Qué diferencias encontró a la hora de escribir un libro, teniendo en cuenta que las reglas de la literatura son distintas a las de la música?

-Yo siempre he sido antirreglas. Es muy curioso eso. Estudié música a los 6 años y a los 16, cuando quise escribir una canción, no me acordaba de nada, salvo la escala musical. Con mucha voluntad, cuando se me ocurría una melodía le iba buscando la correspondencia a esas siete notas que me acordaba. Para mí no ha habido reglas. Mis partituras no son partituras, no entiende ningún músico lo que escribo. Para la literatura tampoco he tenido ninguna norma. Yo escribo de gusto, hablo como quiero y cuento las cosas como quiero. Comprendo que soy muy anárquico, pero también creo que la gente ha percibido en mí algo tan de verdad, tan directo, tan sincero… Para mí, la literatura es contar historias que la gente siente en la propia piel. Escribo lo que me dicta el corazón.

-Uno de los temas que trata en la “Hija del alfarero” y en sus canciones es el de la vejez. ¿Cuál es el rol que tienen los abuelos en la sociedad actual?

-El abuelo tiene que estar y los nietos tienen que estar para darle sentido al abuelo. La vejez con un nieto no hace sentirlo a uno tan viejo, te hace sentir más dulce. Un niño sin un abuelo no está completo. Los niños tienen que tener otra referencia, aparte del papá y la mamá. Y un abuelo es sabiduría, es la calma. Y a veces se los margina demasiado en la sociedad porque son viejos, se les cae la baba, son torpes para andar, se les cae el pelo…Y es terrible. Es terrible la situación en la que se ven si no tienen mucho cariño en frente. A mi me emocionan muchos los viejos.

-Otro tema que trata es el rol de la mujer y como es condenada cuando decide seguir adelante con un embarazo siendo soltera. ¿Cree que la sociedad está cambiando a partir de los movimientos por la reivindicación de la mujer?

-Yo creo que la libertad es mucho mejor. Y la comprensión también. Pero es cierto que todavía hay muchas mujeres que viven en pueblos perdidos y son crucificadas por quedarse embarazadas siendo solteras. Creo que la sociedad va madurando, nos queda aspirar a la perfección de dar comprensión para todo. Que cada uno sea responsable de sus actos, pero que ninguno nos convirtamos en jueces de nadie. Porque todos tenemos algo que ocultamos por miedo a que nos crucifiquen.

FUENTE: DIARIO CLARÍN

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