La dramática historia detrás de la canción «Ciudad de pobres corazones»

Con un grito desesperado, Fito Páez llora a su abuela y su tía abuela después de que las asesinaran en su casa rosarina. Pasaron semanas de que la noticia conmocionara al músico de 23 años y la catarsis se hizo canción. «En esta puta ciudad, todo se incendia y se va. Matan a pobres corazones», denunciaba el rosarino en Obras, el 12 de diciembre de 1986. Ese fue el momento en que «Ciudad de pobres corazones» sonó por primera vez ante un público enardecido. «Había pasado semanas tomando dos botellas de whisky», contaba el cantante años atrás en una nota con Jorge Guinzburg donde hablaba del proceso creativo del tema.

A 32 años de aquel fatídico día, la canción sigue sonando igual de fuerte. Se trata de un tema lleno de rabia y de creatividad. La fuerza que tomó Fito en ese entonces lo hizo parir uno de los discos más emblemáticos, que llevó el nombre de ese tema. Se trata de un llanto disruptivo, de un agobio por la humanidad.

Los días después: cuando gestó «Ciudad de pobres corazones»

Los días que siguieron al asesinato fueron los más oscuros del cantante. Estaba perturbado y «paranoico». «A partir de ahí, todo en la vida de Fito fue negro: sus vestimentas, sus canciones, su vida. Su casa de la calle Balcarce pasó de ser un lugar de alegría y reunión a un lugar macabro, encintado», contó el bajista Fabián Llonch, sobre los días después del triple asesinato. Más allá de estar recluido en su casa, autodestruyéndose, si tenía que salir a la calle lo hacía con lentes grandes, de negro, con cuellos Mao. Este estado dark fue clave para entender las composiciones que llegaron más tarde. Tenía que terminar con La La La, el disco que estaba preparando con Spinetta y que iban a presentar en Obras casi un mes más tarde. Según reconoció tiempo después, El Flaco, que era su ídolo y lo había conocido por casualidad en la calle, y Fabi, su novia «chiflada», fueron sus dos pilares de contención. En definitiva, la música -según coincidirían los músicos que lo acompañaron en el duelo- fue su salvación y el dolor fue su motor creativo.

Entre el 7 de noviembre y el 12 de diciembre, en algún momento de ese mes, Fito Páez escribió «Ciudad de pobres corazones». Dicen que las primeras estrofas surgieron en la casa de Liliana Herrero, donde vivió un tiempo. «La imagen más fuerte que tengo de él es con la campera puesta, la cara desarticulada y con una palidez permanente, haciendo gestos de rechazo a la prensa», describiría ella. Con un riff, una letra directa y una potencia animal, el rosarino exorcizó sus demonios. Lo puso en palabras: «Matan a pobres corazones». También hizo un corte y le puso una distancia a Rosario («en esta puta ciudad»), donde en lugar de ayudarlo a resolver el crimen lo inculpaban. Fabi estuvo con él, lo acompañó en el proceso y lo obligó a levantarse de la cama. Fue ella quien lo llevó al estudio de grabación, donde compuso el tema. «Fabi me sacó de la cama de los pelos, me llevó a la sala de ensayo y me dijo: «Loco, tenés que venir a tocar». Ahí empezó una serie de ensayos en los cuales Luisito [Spinetta] fue un gran amigo del alma, de esos que realmente te ayudan y te meten el hombro en momentos duros, bravos», contaba en una nota con Jorge Guinzburg en Entrevista informal. «Después fue muy hermoso porque eso fue en noviembre del 86, y teníamos que hacer un concierto con Luis y 17 músicos en Obras y yo no quería ir a ensayar, no tenía ganas de nada. Me tomaba dos botellas de whisky por día, empastillado, como un loco. Y empezamos a ensayar, les pasé el tema, que hice en esas semanas de locura». Cuando terminó la canción estaba solo en el estudio en Caballito. «Fue un tembladeral». Por esos tiempos se encontró en la sala a Juan Carlos Baglietto y su amigo le preguntó cómo estaba. A lo que Fito le dio play a la consola, le presentó el estribillo del tema y le contestó: «así estoy».

«Estaba muy mal y yo no sabía qué hacer con él: no sabía qué poner en la tele, no sabía si decirle ‘hola’, si hablarle, si no hablarle… Fito lloraba y no podía contenerlo. Estaba muy asustada y no entendía nada, creo que hice todo lo que pude», revelaba Fabiana Cantilo al periodista Enrique Jorge Symns sobre esos tiempos.

Fito tuvo que cumplir con sus compromisos: dejó el lexotanil y el whisky por un rato y se subió al escenario en Obras para dar el esperado show de presentación de La La La junto a Luis Alberto Spinetta. Fue un concierto celebrado por la crítica, no solo por cada uno de los sets que mostraron los músicos, sino también porque el rosarino presentó una canción autobiográfica. Además de los 30 temas que estaban previstos hubo otros más. Promediando la última hora, Fito cantó «Ciudad de pobres corazones». «Cuando tocamos por primera vez el tema en Obras, ¡lo que pasó abajo!. Lo recuerdo como una imagen dantesca, todo Obras Sanitarias rojo, todo el estadio parándose y empujando con el riff, como si intentaran darme ánimo también, ¿no?, con eso. Esas son las cosas maravillosas que te da este oficio increíble», contaba en Entrevista informal.

Sobre la canción, Fito decía: «El centro del tema es neto («En esta puta ciudad, todo se incendia y se va, matan a pobres corazones»). Ya está. Con esto está el cuento y el riff».

Con el pelo largo, anteojos negros y dandóle al bombo con los palillos de la batería en medio de un ataque de furia, denunciaba «Matan a pobres corazones», en la película de Spiner. Las abuelas nunca iban a volver, él lo sabía. El mundo no era encantador. Se había quedado sin su mamá a los ocho meses y a los 23 había perdido a las dos personas que más quería. No se habían muerto de manera natural, las habían matado en su casa histórica. Las habían acuchillado. Ese golpe además de profundizar su escepticismo lo había marcado para siempre. Su obra y su expresión se volvieron oscuras y él empezó a parecerse más a un personaje de Tim Burton que al trovador rosarino de sus inicios.

31 años después, Fito Paéz tocó en su ciudad natal para presentar su último disco, La ciudad liberada. Eligió hacerlo en Plaza San Martín, de manera espontánea, y nuevamente, ante miles de rosarinos, volvió a preguntar: «¿quién puso la yerba en ese viejo cajón?».

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